viernes, noviembre 23, 2007

sueños y otras alucinaciones


Apenas conciliando el sueño, escuchaba muy bajito una melodía que el viento hacía llegar a mí, por mi ventana... que si estoy sugestionada? no! que va! tal vez la estumulación cerebral de mi lóbulo occipital y mi lóbulo temporal, están fusionándose, creando una rara aparición de sensaciones que se van incrementando de manera exponencial.

Pienso a menudo en él, ya pasaron algunos años sin embargo mi corazón aún está sincronizado al suyo, sus latidos los escucho tan cerca, y al escucharlos, los míos toman fuerza y formamos así una especie de canon de lo más armónico, y guardando silencio si pones atención, se puede escuchar una fuga mutada que pareciera ser algo místico, sin embargo no es nada más que el expectro de lo que un día fue.

Entre sombras y sonidos lo busco y entiendo al fin que esta lluvia de plumas no es real y que me encuentro bailando al centro de este bosque sin saber lo que me espera en el lago. Pensando que esta melodía es una señal, la sigo y camino entre piedras, pasto y rocío; llego al fin al lago entre danzas e ilusiones y de pronto ahí esta...

es el momento que había estado esperando y evitando, ahí está él, sobrio, con respiración tranquila casi impercibible; ¿qué debo decir? ¿me acerco? lo hago y en el intento me encuentro como fija a esta tierra, como si mis pies descalzos realmente estuvieran sosteniéndo botas de plomo que se aferran a la suavidad y frescura del pasto. Cierro los ojos esperando que al abrirlos todo esté en orden y me encuentre fuera de esta pesadilla. Abro los ojos nuevamente y sigo ahí parada y frente a mí ahí está, en el lago inerte, levanta la cabeza y sus ojos como dos manchas de petróleo me miran, y en un segundo penetran mis sentimientos y pensamientos. Es como si no necesitara hablar pues puede ver todo lo que hay dentro de mí.

Su sonrisa me llena de paz, aunque sus ojos reflejan un corazón duro, su sonrisa lo cambia todo; a mi tampoco me puede engañar lo conozco mejor de lo que me conozco a mí misma, pues su vida y mi vida un día fueron una misma, sus sentimientos eran mis deseos y mis deseos él los hacía realidad, su mera existencia era la realización de todo lo que necesitaba. Sus manos tiernas se estiran hacia mí como intentando liberarme del peso que cargan mis pies, habilitándolos así para correr hacia él, sin embargo, la brisa que producen sus brazos al moverlos esboza una caricia que se mete en la cuenca de mi mano y así como llega se va pintando polvos cósmicos a su paso. Me sonríe nuevamente mientras cierra sus ojos, no entiendo lo que sucede sin embargo sé exactamente lo que está a punto de pasar. Ese encuentro es una despedida, por fin es quien yo siempre quise que fuera, y el día de hoy viene a mostrarme que lo logró y que no podrá estar ya conmigo.

Así que el día en el veo con orgullo que ha logrado todo lo que nos habíamos propuesto, es el mismo día en el que me doy cuenta que estamos más lejos que nunca, es bueno verlo así, me llena mi corazón y mi alma se regocija, sin embargo en mi estómago siento como si una ola me revolcara despertando una melancolía.

El sonido intermitente y castrante de la alarma me despierta, mientras que Michelle está a mi lado mirándome con los ojos desorbitados.

Parece que otra vez hablé dormida... adoro despertar hasta tarde, pero hoy no puedo, le prometí a Michelle que la llevaría a hacer un montón de cosas, y sinceramente para mi es un misterio que ella se entusiasme tanto con tan solo el hecho de salir a la calle. Últimamente no hemos podido convivir como antes, en ocasiones todo parece perfecto y otros momentos pereciera que fuéramos perfectas extrañas.

Sé que Michelle está a punto de preguntarme sobre lo que estaba soñando. Me adelanto y le propongo ir a desayunar a la dichosa casa internacional de panqueuqes, le pregunto sobre lo que querrá desayunar y eso basta para distraerla de preguntarme sobre cosas que no deseo hablar y que por convicción decido no mentir.

Otra vez soñé con él, pero esta vez fue distinto.

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"Lo que mucha gente llama amor consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio."
Julio Florencio Cortázar - Rayuela

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