Estoy en la entrada de mi cuarto, de pie, recargada en el marco de la puerta, contemplándolo. Para mí, mi hogar siempre será donde me sienta feliz, puede ser aquí o en otra ciudad, en esta casa o incluso en la calle, podría ser simplemente en los brazos de Diego sin importar donde estemos. Pero de alguna forma si siento que estoy dejando una parte importante de mí aquí. Aun no hago mis maletas, creo que llevaré un equipaje ligero, y poco a poco me llevaré mis cosas. Tengo que vestirme rápido, además de que el cabello mojado me está empapando la espalda, Sandra va a pasar por mí en un segundo. No tengo tiempo para nostalgias, por más placenteras que parezcan. Ya casi se termina todo esto de la esuela para mí. Tengo todos mis créditos y materias aprobadas. Solo faltan unos pequeños detalles a mi tesis y voila!
Mientras me visto me preguntó como será vivir en la capital. Pues la última vez que viví ahí solo comía papilla, jugos y leche, me llevaban a todos lados, no podía moverme a donde yo quería, no había independencia en lo absoluto, pero bueno no es tan malo si tienes menos de dos años. Ahora regreso a la tierra que me vio partir con tantas esperanzas de que algún día regresara. En ocasiones el futuro incierto me provoca un poco de miedo y a la vez felicidad, creo que disfruto ese sentimiento de aventura que provoca revuelcos en el estomago, muy similares a los que provoca el enamoramiento, al menos similares para aquellos que aún no se han aventurado a amar en verdad.
Sandra pasa por mí y me marca al celular para que baje, con el cabello hecho un desastre y mojando todo lo que queda a su paso, meto lo indispensable a mi bolsa y bajo las escaleras a prisa. Vamos a la escuela a buscar asesoría de unos maestros para el examen profesional. Ella se desocupa antes que yo, así que ella se va a comer mariscos en “La Tripa” yo no disfruto tanto comer mariscos, solo la Jaiba a la Frank, es un manjar, pero a todo el mundo le vuelven locos los mariscos, tal vez es su lado afrodisíaco que yo todavía no he podido explotar, o tal vez es otra cosa, la verdad no tengo idea. Me voy a una banca que está debajo de unas escaleras, saco mi i-pod y un libro que me prestó el novio de Val, busco el separador para continuar con la lectura. No logro concentrarme, sigo pensando en lo que me espera en otra ciudad.
En verdad el futuro no me intimida, me gusta pensar que estoy construyendo algo, y que todo lo que hago importa, no solo es para mí, sino que tiene trascendencia. Pienso en mi sangre y creo que mi sangre habla por generaciones, para llegar a mi código genético exacto pasaron muchas generaciones y cada una aporto algo, es una cadena de herencia genética infinita. Hay gente que piensa que si nadie lo vio no cuenta, se dice a sí mismo si nadie ve entonces no afecta. Pero que tontería tan inmensa, si yo estoy a dieta y mi nutriólogo no está a lado de mí, no puedo comer lo que yo quiera pensando en que no afectará porque no me está viendo. Lo que me coma me engordará y a lo mejor en el momento no lo notarán los demás, pero por dentro mi organismo tendrá más grasa –o lo que sea que sucede cuando uno come hamburguesas-, y al final se notará y si habrá una diferencia. Decir que no importa es una mentira enorme, lo que yo haga por pequeño que sea importa, aun si solamente yo lo sé, importa, todo lo que yo hago importa. Y todo esto no es para decir “¡Hey Dios está viendo todo!” porque esa no es la intención, no es para intimidar, sino para exhortar, hay que sacudirse la flojera y comprometerse, alguien una vez dijo en una platica que la calidad de vida va directamente relacionada con el número de compromisos que uno tenía, y por compromisos se refería a comprometerse con proyectos, de vida, de trabajo, personales en familia, con amigos, pero punto es tener sueños, metas y trabajar para lograrlas. Hay gente que se la pasa toda vida diciendo “todo me pasa a mí” y no se dan cuenta en es todo lo contrario “todo pasa para mí” volvemos a las ideas egoístas, pero en verdad se puede pensar que todas las cosas que pasan pueden ser de alguna forma un impulso, una descarga eléctrica, hasta un zape para hacernos reaccionar, para motivarnos y hacer las cosas y no solo soñarlas.
En el libro que estaba leyendo de pronto Florentino Ariza se deprime demasiado por desamor, y este cuadro me recuerda mucho a Michelle, a veces quisiera decirle que la entiendo, que por lo que está pasando, pero a veces no le veo el sentido, cuando te estas ahogando no necesitas una descripción a detalle del agua, lo que quieres es un salvavidas, una cuerda, algo que te ayude a salir. Pero a veces dudo que Michelle quiera dejar de sentirse así. Lo malo es que a veces le digo cosas un tanto duras, y es que yo hablo tal cual todos los pensamientos de mi cabeza, y en un descuido hasta puedo hablar los tuyos también. Pero tampoco hay que creer que soy la persona más transparente del mundo, tengo uno que otro secreto por ahí en un rincón de mi cabeza, pero bajo llave, y la llave está en un lugar que ni yo recuerdo, para que en mis momentos de transparencia extrema no vayan a salir disparados por la borda.
Sin poder lograr un avance significativo en mi lectura, salgo de la universidad, quiero ver a Michelle, me sigue preocupando, tomo un bus. y durante el camino escucho música pero en verdad sin prestarle atención, realmente estoy pensando en él, a veces me da miedo pensar en la posibilidad de que pase el restote mi vida sin él. Extraño mucho a Diego estos días que no está conmigo, es increíble como dentro de mi vida que tanto lucho por mantenerla independiente, llego a estar tan ligada a alguien, que se vuelve parte de mí. Una vez Diego y yo fuimos a acampar, caminamos por horas en la montaña, hasta que encontramos el lugar perfecto, instalamos la tienda, prendimos fuego y nos sentamos a calentar malvaviscos, las estrellas salieron antes de que los malvaviscos estuvieran listos, platicamos de cosas simples, pero importantes. Después de comernos el paquete de malvaviscos nos recostamos sobre nuestras espaldas, tomados de la mano, contemplando las estrellas. Hablamos de lo infinito del universo, de todos los planetas, satélites, meteoritos, agujeros negros, y demás cosas extrañas que suceden allá afuera. Le pregunté que sería si tuviera que escoger entre todas las cosas que hay allá en el espacio, o aquí en el espacio, la verdad no se como se dice propiamente. Me contestó que sería un agujero negro, me dio sus razones y sonaban bastante aceptables e interesantes incluso. Y me preguntó qué escogería yo, y aunque no había pensado mi respuesta antes de que él me lo preguntara, no lo pensé ni un segundo, y contesté “polvo estelar”. No estoy segura si en verdad sucedió o fue solo un sueño.
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“La convenció de que uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre” Gabriel García Márquez – El amor en los tiempos del cólera
Mientras me visto me preguntó como será vivir en la capital. Pues la última vez que viví ahí solo comía papilla, jugos y leche, me llevaban a todos lados, no podía moverme a donde yo quería, no había independencia en lo absoluto, pero bueno no es tan malo si tienes menos de dos años. Ahora regreso a la tierra que me vio partir con tantas esperanzas de que algún día regresara. En ocasiones el futuro incierto me provoca un poco de miedo y a la vez felicidad, creo que disfruto ese sentimiento de aventura que provoca revuelcos en el estomago, muy similares a los que provoca el enamoramiento, al menos similares para aquellos que aún no se han aventurado a amar en verdad.
Sandra pasa por mí y me marca al celular para que baje, con el cabello hecho un desastre y mojando todo lo que queda a su paso, meto lo indispensable a mi bolsa y bajo las escaleras a prisa. Vamos a la escuela a buscar asesoría de unos maestros para el examen profesional. Ella se desocupa antes que yo, así que ella se va a comer mariscos en “La Tripa” yo no disfruto tanto comer mariscos, solo la Jaiba a la Frank, es un manjar, pero a todo el mundo le vuelven locos los mariscos, tal vez es su lado afrodisíaco que yo todavía no he podido explotar, o tal vez es otra cosa, la verdad no tengo idea. Me voy a una banca que está debajo de unas escaleras, saco mi i-pod y un libro que me prestó el novio de Val, busco el separador para continuar con la lectura. No logro concentrarme, sigo pensando en lo que me espera en otra ciudad.
En verdad el futuro no me intimida, me gusta pensar que estoy construyendo algo, y que todo lo que hago importa, no solo es para mí, sino que tiene trascendencia. Pienso en mi sangre y creo que mi sangre habla por generaciones, para llegar a mi código genético exacto pasaron muchas generaciones y cada una aporto algo, es una cadena de herencia genética infinita. Hay gente que piensa que si nadie lo vio no cuenta, se dice a sí mismo si nadie ve entonces no afecta. Pero que tontería tan inmensa, si yo estoy a dieta y mi nutriólogo no está a lado de mí, no puedo comer lo que yo quiera pensando en que no afectará porque no me está viendo. Lo que me coma me engordará y a lo mejor en el momento no lo notarán los demás, pero por dentro mi organismo tendrá más grasa –o lo que sea que sucede cuando uno come hamburguesas-, y al final se notará y si habrá una diferencia. Decir que no importa es una mentira enorme, lo que yo haga por pequeño que sea importa, aun si solamente yo lo sé, importa, todo lo que yo hago importa. Y todo esto no es para decir “¡Hey Dios está viendo todo!” porque esa no es la intención, no es para intimidar, sino para exhortar, hay que sacudirse la flojera y comprometerse, alguien una vez dijo en una platica que la calidad de vida va directamente relacionada con el número de compromisos que uno tenía, y por compromisos se refería a comprometerse con proyectos, de vida, de trabajo, personales en familia, con amigos, pero punto es tener sueños, metas y trabajar para lograrlas. Hay gente que se la pasa toda vida diciendo “todo me pasa a mí” y no se dan cuenta en es todo lo contrario “todo pasa para mí” volvemos a las ideas egoístas, pero en verdad se puede pensar que todas las cosas que pasan pueden ser de alguna forma un impulso, una descarga eléctrica, hasta un zape para hacernos reaccionar, para motivarnos y hacer las cosas y no solo soñarlas.
En el libro que estaba leyendo de pronto Florentino Ariza se deprime demasiado por desamor, y este cuadro me recuerda mucho a Michelle, a veces quisiera decirle que la entiendo, que por lo que está pasando, pero a veces no le veo el sentido, cuando te estas ahogando no necesitas una descripción a detalle del agua, lo que quieres es un salvavidas, una cuerda, algo que te ayude a salir. Pero a veces dudo que Michelle quiera dejar de sentirse así. Lo malo es que a veces le digo cosas un tanto duras, y es que yo hablo tal cual todos los pensamientos de mi cabeza, y en un descuido hasta puedo hablar los tuyos también. Pero tampoco hay que creer que soy la persona más transparente del mundo, tengo uno que otro secreto por ahí en un rincón de mi cabeza, pero bajo llave, y la llave está en un lugar que ni yo recuerdo, para que en mis momentos de transparencia extrema no vayan a salir disparados por la borda.
Sin poder lograr un avance significativo en mi lectura, salgo de la universidad, quiero ver a Michelle, me sigue preocupando, tomo un bus. y durante el camino escucho música pero en verdad sin prestarle atención, realmente estoy pensando en él, a veces me da miedo pensar en la posibilidad de que pase el restote mi vida sin él. Extraño mucho a Diego estos días que no está conmigo, es increíble como dentro de mi vida que tanto lucho por mantenerla independiente, llego a estar tan ligada a alguien, que se vuelve parte de mí. Una vez Diego y yo fuimos a acampar, caminamos por horas en la montaña, hasta que encontramos el lugar perfecto, instalamos la tienda, prendimos fuego y nos sentamos a calentar malvaviscos, las estrellas salieron antes de que los malvaviscos estuvieran listos, platicamos de cosas simples, pero importantes. Después de comernos el paquete de malvaviscos nos recostamos sobre nuestras espaldas, tomados de la mano, contemplando las estrellas. Hablamos de lo infinito del universo, de todos los planetas, satélites, meteoritos, agujeros negros, y demás cosas extrañas que suceden allá afuera. Le pregunté que sería si tuviera que escoger entre todas las cosas que hay allá en el espacio, o aquí en el espacio, la verdad no se como se dice propiamente. Me contestó que sería un agujero negro, me dio sus razones y sonaban bastante aceptables e interesantes incluso. Y me preguntó qué escogería yo, y aunque no había pensado mi respuesta antes de que él me lo preguntara, no lo pensé ni un segundo, y contesté “polvo estelar”. No estoy segura si en verdad sucedió o fue solo un sueño.
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“La convenció de que uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre” Gabriel García Márquez – El amor en los tiempos del cólera

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