miércoles, enero 09, 2008

Espolvoridad 02:49 hrs.



Regreso de “El Faro”, estuve ahí con Vincent, mis papás salieron de la ciudad así que no hay prisa por llegar temprano, entro a la casa y está Michelle viendo la televisión, nada en particular; me acuesto alado de ella, y le agarro su cabello despeinándola. Comienza a llorar y eso me parte el corazón, mis papás llevan una semana fuera de la ciudad y ayer yo no llegué a la casa a dormir me quedé con Val, pues tiramos chal hasta amanecer y al parecer Michelle tampoco durmió anoche, Carlos fue a la casa a verla y estuvieron ahí platicando y demás, tampoco soy ingenua, es mi hermanita y todo pero también tuve 17 años. Los papás de Carlos se dieron cuenta que su hijo no estaba y hablaron a cada amigo que ellos conocían, al final le hablaron a Michelle y la tarada contesto y dijo que ahí estaba Carlos, se enojaron enormemente con él, y les prohibieron verse. Suena bastante Romeo + Juliet, pero es real. Mandaron a Carlos a casa de su abuelo para pasar el resto de sus vacaciones. Michelle está muy triste, pero en realidad no hay algo que pueda hacer. Yo ya pasé por ahí y creo que pudo haber sido mucho peor, pero en el momento se siente horrible, traté de calmarla, le dije que todo estaría bien. Le cuento sobre la vez que mi mom encontró a Diego en mi cuarto a las 3 am, fue bastante peor, al menos mis papás no saben sobre Carlos, de haber sabido hubieran reaccionado peor que los papás de Carlos, y entonces el drama se hubiera incrementado exponencialmente.

Los seres humanos nos movemos por energía. Gran parte de esa energía es generada por los sentimientos. Y no necesariamente los sentimientos más puros o bellos son los que nos llenan de energía, pues muchas veces hay sentimientos negativos pero intensos los que mueven a las personas. Desde pequeños nos vamos acostumbrando a reaccionar de un mismo modo ante las mismas situaciones, y poco a poco en nuestra cabeza se crean redes por donde se vuelve más fácil el paso de la información, de manera que la próxima vez que sucede algo similar, el cerebro ya tiene un patrón de respuesta y en cada ocasión se vuelve más fácil reaccionar de esa misma forma y en un tiempo más corto. Al paso del tiempo sucede un fenómeno, nos encontramos reaccionando de una misma forma aun antes de darnos cuenta. Lo peor llega cuando tu cuerpo está tan acostumbrado a reaccionar de ese mismo modo y comienza a liberar sustancias que propician esos sentimientos. Y entonces nos encontramos personas depresivas que aun independientemente de las situaciones se sienten tristes, ya que de forma fisiológica su cuerpo se lo provoca. Por otro lado hay personas que se enojan fácilmente aun por cosas que no tiene sentido. Sus estructuras en su cabeza, les ayuda a tener reacciones de ira exagerada, por pequeños detalles, aun cuando después se sientan mal de su reacción.

Pero el argüende no termina ahí. Hace unas horas Carlos le marcó por teléfono a Michelle le dijo que ya todo se había terminado, uno podría creer que toda la situación con sus papás le hizo pensar dos veces sobre la relación, pero esa razón es la más distante de la realidad. A Carlos le dijeron que Michelle había tenido queberes con un amigo de él, mientras ellos dos andaban. Me contó todas las cosas que le gritó por teléfono, le dijo una sarta de cosas horribles, no se como se las aguantó sin contestarle nada. Y es que cuando Carlos se enoja pierde el control, dice y hace cosas que la situación no amerita. Colgaron y ella como era de esperarse sintió que el mundo se acababa. La verdad yo estoy cansada de ver a Michelle así, la veo triste todo el tiempo, pero creo que ya se está acostumbrando a ese sentimiento.

Momento! creo que entonces esto es algo bien jodido, todo este asunto de que tu cerebro ya sabe como reaccionar y hasta te provoca esos sentimientos liberando sustancias, porque entonces estamos destinados a pasar el resto de la vida deprimidos, o enojados, o tal vez incluso demasiado felices y valiéndonos burger todo. Me rehúso a creer que no hay nada que se pueda hacer, porque entonces donde queda el libre albedrío, ya que siguiendo con este supuesto nuestro cerebro comienza a “decidir por nosotros”. Creo que para la gente común vivir así debe ser bastante cómodo porque cada vez necesitan pensar menos, su cerebro reacciona y lleva a cabo el pensamiento por su cuenta.

Yo pienso que hay una forma de cambiar todo esto. La clave, como bien me lo dijo Armando, es ser observador, y es que Armando tiene alma de científico, y creo que tiene razón en este punto, a veces sale con ideas bien descabelladas y es interesantísimo debatirlas con él, recuerdo las largas caminatas que dábamos de la playa a su casa platicando de mil cosas, debatiendo, argumentando y la verdad la mayoría de las veces simplemente alegando, pero debo admitir que en ese tiempo me la pasé rebién. Y en si esta onda de ser observador me agrada, no se que tanto es porque esté de acuerdo y que tanto es porque tengo una necesidad de responderme a todo esto, y pues la eminente ausencia de otra respuesta no me deja muchas alternativas; pero aceptemos su propuesta, por los motivos que sean, no es tan mala realmente.

Ser un observador se refiere a que cuando suceda algo y reaccionemos de manera inconsciente debemos detenernos un segundo y pensar en como pasaron las cosas ver porqué reaccionamos así, ver si fue algo exagerado o un poco irracional o si es una reacción normal. Tampoco hay que satanizar los sentimientos como la tristeza, pues muchas veces es necesario, cuando Peanut –un cachorrito cocker spaniel color miel, que le hacía buen honor a su nombre- murió yo me sentí muy triste y lloré, y aunque ahora que lo recuerdo siento pena por su anticipada muerte no me deprime. Una vez que se identifica la reacción “no sana” por así llamarle podemos proceder a identificar el factor que la detonó, a veces en una situación problemática hay un pequeño detalle que es el que nos hace explotar, a veces es una palabra que alguien dice, de alguna forma para nosotros es más ofensiva, o la relacionamos con algo particularmente negativo y de ahí surge la reacción exagerada.

Abrazo a Michelle ya son las 3:33, ojalá el reloj marcara mas de 24 horas, podríamos pedir deseos incluso a las 33:33 horas. En la televisión esta cantando Feist, con coreografías sencillas pero la mar de divertidas, yo canto con voz muy bajita “1, 2, 3, 4 tell me that you love me more…” Michelle llora en posición fetal su cabeza sobre mi brazo, le acaricio la cabeza, en verdad me importa demasiado, tal vez es la sangre que compartimos que corre por todo nuestro cuerpo, o tal vez es que en alguna forma veo mucho más que sangre de mí en ella. A veces quisiera contarle todas las cosas que he vivido y que he aprendido, para que ella esté un paso adelante de donde yo estaba a su edad. Pero cada vez que pienso sobre esto me parece más estúpida la idea, ella va a ir aprendiendo a su paso, hay mil cosas en las que me supera y en verdad estoy muy orgullosa de ella. Es una niña increíble. Ya pasó una hora más y Michelle ya está dormida. Es increíble como el mundo sigue girando aun cuando cerramos nuestros ojos, cuando estaba pequeña solía pensar que todo era como una película que giraba en torno a mi y todos los personajes existían porque yo los veía, pero cuando ya no estaban en “escena” desaparecían como si no tuviera una vida propia. Es una suposición un tanto egoísta, pero que se puede esperar de una niña de seis años. Que bueno que no todo gira en torno a mí, que bueno que los demás son individuos con vidas propias. ¿Pero en realidad son propias? ¿Realmente somos dueños de nuestras vidas? ¿Estás haciendo lo que quieres tal y como lo quieres? Mmmm... who knows? Don't forget “Life’s like pizza, even when it’s bad, is always good”.

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“Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado.” Gabriel García Márquez – El amor en los tiempos del cólera

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